Aquel

22.12.2011 00:13

Andando por la calle, perdido, y porque no decirlo, borracho, me encontraba la mejor noche de mi vida. Sé que el principio no alberga esperanza alguna de que mi historia sea algo feliz o con derecho de ser memorable, pero esa noche viví algo único.
Me hallaba pues en las aceras de la ciudad, solo, y mi mente era como un barco a la deriva y sin dirección, no controlaba mis pasos y me dejaba guiar por el susurro del aire. Mi situación, vista así, es lamentable y propia de una historia de bar en vez de relato, y es que no los mejores principios conllevan los mejores finales, porque si por mi hubiera sido, esa noche podría haberme muerto sin remordimientos de haber hecho nada malo.
Andando me encontré un pequeño e inocente niño, para mi vista era como un haz de luz en mi mundo de oscuridad, impuro y sin rumbo fijo. Ese niño me miro y con esperanzas de ver un rostro feliz de cualquier niño de su edad, vi una mirada triste y asustadiza. Sin el sentido de la razón me dirigí hacia el y agachándome para mirarle a los ojos le pregunte:
-Pequeño, ¿Qué es lo que a ocurrido para que en esa mirada no haya felicidad?
El joven alzo la cabeza y vio mi rostro sucio y su mirada no cambio en absoluto, entonces me di cuenta de lo que ocurría, y para mi desgracia no era nada bueno. Ese pequeño lloraba porque me había visto y su mirada relucía pena y compasión por mi ser.
Lo que decidí hacer entonces fue decirle perdón, necesitaba que ese niño, pequeño e inocente, cambiase su mirada, sabía perfectamente que en mi estado no podría hacer mucho .Pero la mísera idea de que por mis errores ese niño estuviese llorando me destrozaba, y hacia que el mundo, con todo su peso, me aplastara. Entonces me di cuenta de la situación, ese día no podía hacer nada, porque mis errores ya habían dado su fruto y que por mucho quisiera no podría cambiar en un día. Ese niño, del cual no se ni su nombre, me ha cambiado la vida. 
Me di cuenta que ese niño, pequeño y asustadizo era yo, a su edad, mi mente en vez de estar influida por el alcohol, era la mente más pura que había tenido y la cual había fabricado en su entonces un futuro digno de reyes y un trabajo digno de dioses y no mi estado actual.¿Habia perdido la esperanza en mi vida? Si fue así no me di cuenta, porque al igual que hoy no podía cambiar la mirada de ese niño, había estropeado mi vida en cuestión de años.
En ese entonces me desperté de mi oasis propio y me haye inconsciente en un hospital. Hay , sentados estaban mi mujer y mis hijos y me preguntaron:
-¿Estas bien?¡Nos has dado un susto de muerte!
Y sin saber que responder dije:” mejor que nunca” entonces me puse una meta, tenía que ser aquel niño que había perdido y encontrarlo de nuevo, me di cuenta de que en mis delirios de borracho había encontrado la salida de mi laberinto.